lunes 28 de abril de 2008

GUTTER TWINS.26 de abril de 2008, Razzmatazz (Barcelona).

No soy capaz de recitar el set list de este recital. Fui sin haber conseguido el álbum de ésta, la nueva banda de Mark Lanegan, quien liderara los Screaming Trees, ahora con Greg Dulli (Afghan Whigs). Sólo puedo deciros que sonó All misery/flowers, el single por excelencia, en tercer lugar, coreada como un mantra sectario por un público extasiado. También cayó Idle Hands, siendo uno de los momentos más prestables al baile. Y no podían faltar temas propios de la Mark Lanegan Band, como Hit the city y Metamphetamine Blues. Incluso en un medley coló versos Shadow of the Season, corte que abre el Sweet Oblivion de sus míticos Screaming Trees.
Pero oídos algunos singles en YouTube y con la fe absoluta en la perturbadora, conmovedora voz del señor Mark Lanegan... al fin del mundo a escucharla.
Ni siquiera conocía al telonero, soy así de desastre. Ed Harcourt, con guitarra, percusión y piano entre otras cosas, para él solito. Tocaba el timbal, grababa con el pedal, y el ritmo se sucedía para que él intercalara su música, también muy emotiva. Vino a combinar muy bien con lo que luego nos esperaba. Pero su potente voz era mucho más delicada, preciosista. Dulce, limpia. Inocente, incluso. No necesariamente por lo joven.


Transgredo las pautas de lo que es una crónica, ajena a qué canción sonaba, pero paladeando cada una de ellas, para expresar lo que siento que este hombre expresa, con el placer añadido de un Greg Dulli que tampoco se queda corto a efectos vocales, aderezándolo con dotes de buen guitarrista y pianista. Un hombre de rock de club íntimo en toda regla, dándole el punto más jazzero a la sesión, que se contrapone al lamento blues, del animal herido que es Lanegan. Dos maneras diferentes de sufrirse las palabras entonadas, dos estilos para desgarrarse y desgarrar el alma con la música, ambos atacando directamente al corazón del oyente, erizando su vello, poniendo la piel de gallina. Sin piedad, pero implorando que compartamos esa sensación a la vez.
Personalmente, me seguiré quedando con la de Lanegan. Su voz sangra, destila el alcohol en que se refugia de un mundo interior tormentoso. Dejando todo lo que implica relacionarse con el público a cargo de Dulli, Lanegan se queda dentro de sí mismo, imponiendo susurros profundos, graves, sensuales, por encima de toda instrumentación, todo sonido -bastante bueno, por cierto, y más siendo Razzmatazz-. Como un perro triste que lame heridas en los pavellones auditivos de quienes se contagian de su drama, de su deseo, de su amor perdido. De su sordidez. De su embriaguez.


¿Qué palabras va a dirigir Lanegan al público? No va a perder el tiempo hablando por hablar. Su garganta ya expresa todo lo inconfesable que guarda en su interior. Es triste pero es bello.
Su voz sangra, señor Lanegan, y nos ha salpicado a todos, nos lo llevamos dentro.
Llevaos un trocito vosotros también. No es de Barcelona, pero suena acojonante y vale la pena: http://es.youtube.com/watch?v=a0nHoLluzJI
Fotos: MªJosé Orellana Ríos

0 ¡¡¡¡DI ALGO!!!!:

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